El
valor del sonido de la vida
Estamos
viviendo en una época donde parece que el sonido de la vida no sea apreciado ni
valorado. Fijaos con la cantidad de gente que pasa por la calle con los cascos
puestos escuchando música o la cantidad de tiendas y centros comerciales que
nos ponen música en sus megafonías. En Barcelona, por ejemplo, existe un canal
exclusivo de televisión en el Metro que se puede ver a través de pantallas.
Lamentablemente no es para escuchar música, sino para bombardearnos de
publicidad. ¡Con lo bonito que es poder escuchar sin interrupciones como frena
el convoy del metro cuando llega a la estación!
El
sonido de la vida, para algunos se ha convertido en “ruido”. Creo que hay
personas que no saben ni como suena el motor de su coche porqué antes de
encenderlo ya han abierto la radio. Otros, después de cenar, se estiran en el
sofá, ponen la tele y leen un libro. Les recomiendo que intenten leer el libro
sin ningún “ruido”. Verán cómo podrán escuchar los personajes.
Si
nos proponemos disfrutar del sonido de la vida, a lo mejor, paseando sin
cascos, descubriremos que hay pájaros en nuestras calles, el sonido de los
autobuses, de los coches, el de una Harley Davidson, la voz de los vendedores
del mercado de frutas por el cual pasamos cada día, la del niño que entra a la
escuela… Y si algún día llueve, aprovechad; el sonido de la lluvia es
emocionante, descubridlo.
Probad
de ir a la montaña, al campo o al bosque. Dejaros llevar por sus sonidos y
agradeced a Dios que nos haya dado tanta “música” en la naturaleza para
distraernos.
Hay
quien cree que el cantar matinal de los pájaros lo inventó Dios para que nos
sirviera como despertador. Que cada nuevo día sea una oportunidad de optimismo
para este nuevo curso que empezamos.
Ángel
Rodríguez Vilagran
